...MI OTRO YO...

MI QUERIDO LECTOR...


Mi querido lector, dos puntos...
.
Me he mudado al cementerio…
Sí, si, al recinto donde usted me envió
después de sus últimas palabras: "estoy muerto",
dijo usted entre estertor y estertor, casi sin aliento…
“O al menos, quisiera estarlo de aquí a rato y medio”.
Lugar cálido dónde los haya. Y poco serio que decían aquellos…
Cada noche es una fiesta a tumba abierta
y cada madrugada acunando a la Luna en silencio,
echamos el resto.
Más tarde, cuando el Sol se anuncia,
nos batimos en retirada y cerramos el comercio
de ropas usadas y calzado casi nuevo
de suelas limpias y sueños rotos a destiempo.
Los habitantes de este pueblo no dejan nada al azar.
Son puntuales, limpios y disfrutan del frío mármol
tallado a golpe de lágrimas de propios y extraños.
Y la lluvia cuando llega
se deja caer sin grandes aspavientos
imaginando que somos gladiolos y crisantemos
que de algún jardín se perdieron.
Mi querido lector, jamás nadie me hizo mejor regalo.
Y eso que ni siquiera perdió tiempo
en colocarle un lazo bien grande
o un papel decorado con corazones latiendo.
Aquí las flores son más flores,
sus vida se alargan de forma mágica…
No en vano las riegan cada día con plegarias y rezos.
En las tardes soleadas las almas perdidas
se arremolinan a mi alrededor
para acompañarme en mis paseos entre cipreses y setos
laberínticos dónde regalar al tiempo eterno
todo mi tiempo sin amo ni dueño…
Piensan las almas (!ingenuas!) que conozco la puerta
de salida al cielo que las aleje del infierno
de saberse perdidas entre dos mundos
que no sabe de ellas ni siquiera el porqué
de su deambular entre dos orillas sin tierra
ni acantilados a la vista de sus cuencas vacías.
Y presumen de figura en un estado
entre sólido y evaporado, entre fantasmal y entelequia
huyendo a paso ligero de los ladridos de los perros…
que dicen que no muerden,
pero quedando de ellos sólo los huesos,
poco daría yo por sus esqueletos.
Pero aquí me encuentro y en ocasiones,
incluso me veo alzando el vuelo
sobre estos muros que me confirman
entre la realidad y la utopía
que sigo viva, pero condenada al ostracismo,
al trance de no saber sí más allá
sigue el mundo girando o detuvo su movimiento.
Y sí finalmente se dio su muerte,
su traslado a lo etéreo de lo eterno
o sigue respirando a pesar de sus deseos.
!Que no hay nada más complicado
que vivir sin perder la vida en el intento!
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Elizabetta Puig® / Derechos Reservados
Imagen: Galatea Santos® / Cementerio de COMILLAS (CANTABRIA)

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